Hunter

-¿No te gusta la música?

El cazador se quedó pensativo durante un momento, con la mirada perdida en algún punto frente a él. Tenía los labios despegados como si quisiese hablar y las palabras se negasen a hacer acto de presencia.
Es difícil describir los sonidos con palabras.

-Me gustan los tambores, la percusión. Me recuerda el sonido de las patas de los animales al golpear el suelo cuando corren, o las mías propias. Me gustan los ritmos que baten como el latido del corazón, el pulso que se acelera homogéneamente a medida que te acercas a tu presa. Me gustan los instrumentos de viento, que suenan igual que el aire frío soplando entre los altísimos árboles. Un silbido tenso e intermitente, emocionante. Un canto frío y metálico, solitario y letal. Y la emoción creciente mientras corres guiado por un instinto certero pero inefable. Hasta que te encuentras frente a frente con tu oponente y la tensión desaparece y se libera la pasión, el impulso de la naturaleza. Es como salir del bosque a un llano blanco inundado por los rayos del sol después de pasar excesivo tiempo en la oscuridad de los árboles. Y si sales vencedor, todo vuelve a empezar, buscando constantemente.

Era hermosa y real aquella forma pura de comprender la música. Aquella era su música y la de nadie más, parte de su ser.

Donde uno era sofisticado, ambiguo e ingenioso;
el otro [el cazador] era natural, instintivo y sincero.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s