El “plot” nos invade


Ahora está de moda en las películas y en las series eso que los hablantes ingleses llaman “plot”, y que en castellano podríamos traducir como “trama”, que no argumento. El argumento de cualquier historia puede ser que unos jóvenes cojan un coche y deciden recorrer las carreteras de su país. Pero la trama necesita de incógnitas explícitas que los personajes deben resolver entrado en un complejo enredo (“entramado”). Al modo de las tramas políticas o policíacas.
Con este tipo de estructura es sencillo pensar que el auditorio va a sentir interés por la historia, pues hay un misterio que presumiblemente picará su curiosidad. Cuanto más compleja la trama, cuanto mayor el número de giros de guión, de sorpresas, cuantas más oportunidades de romper las expectativas del espectador, mejor consideración tendrá el invento, sin llegar a cansar, por supuesto. Pero esta es la base.
En la actualidad, parece que el público es especialmente favorable a este tipo de historias de misterio, o de narraciones donde los personajes tienen un objetivo claro, una misión o función. Al mismo tiempo, el mercado parece cada vez más reacio a poner poca o ninguna esperanza en un guión que no ofrezca esta estructura, tan ideal y alejada de la realidad por otra parte.
Personalmente, no me parece mal este tipo de intrigas, las he llegado a ver muy entretenidas y originales, pero últimamente parece especialmente abundantes, y muchas de ellas son meras construcciones que si, encadenan misterios uno detrás de otro, pero que carecen de argumento. Y si bien una narración puede prescindir de una trama, me temo que sin argumento no hay historia.
Lo que quiero decir es que resulta fácil pensar que porque un producto de ficción ofrezca una serie de premisas muy bien hiladas y conectadas, con giros inesperados y elementos enigmáticos, estamos ante un producto de calidad; y eso es un error. Porque hay muchas tramas cuyos elementos y giros no llevan a ningún sitio, vacíos de todo significado, que nos han distraído durante una hora y media para finalmente desvelarnos un final, que mira, después de todo, ni nos va ni nos viene.
Porque en el fondo lo que engancha al público es el elemento humano, el elemento con el que se puede empatizar o con el que se puede reflexionar, y que es lo único que nos conecta con la ficción. Cuando sales de ver una película, solamente te quedas con la perspectiva humana. Los personajes, o el personaje colectivo si es el caso, es lo que ayudará al espectador a entrar en la historia.
Por esto me resulta absurda esta tendencia a desplazar los personajes del centro de la historia a favor de una trama de misterios y elementos ignorados. Y por esto muchas de las últimas películas que están saliendo, a pesar de lo taquilleras que sean, me resultan finalmente bastante irrelevantes.